Comportamiento de los peces en la búsqueda y la captura del alimento 3º parte
Consumo y rechazo
En cuanto a la textura, los pellets blandos son
más aceptados que los duros, pero el pez no alcanza a percibir tal diferencia
sino hasta el momento en que los toma y de no ser la textura deseada los
rechaza.
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En Salmo salar, se ha demostrado que el
pez no aumenta la velocidad de captura con la experiencia, pero aprende a
diferenciar los pellets preferidos, así mismo, al irse saciando, incrementa los
tiempos de manipulación o selectividad con respecto al tamaño de la presa; sin
embargo, el interés por el pellet decrece con el tiempo, principalmente en peces
que prefieren alimento vivo al inerte, por sus características apetecibles
frente a las dietas secas, este tipo de peces seleccionan sus presas por tamaño,
forma, color, movimiento y por características gustativas como sabor y textura.
Si se pudiera determinar cuál de éstas es la más importante para la selección,
entonces se podría mejorar el alimento que se ofrece para cultivo y cambiar la
forma del alimento pelletizado, para que sea más similar a la silvestre donde
son importantes el tamaño y el movimiento, teniendo en cuenta que la textura, el
sabor y el olor también afectan la respuesta. Las formas elongadas simulan más
fácilmente las formas naturales como zooplancton, larvas y sus texturas. La
reacción frente al pellet largo y grueso presenta mayor respuesta que hacia la
presa viva; sin embargo, la ingestión es menor posiblemente debido a la
gustosidad y la textura (45). Una vez en la boca, las partículas pueden ser
manipuladas antes de tragarlas y darles la prueba gustativa final de dureza,
abrasividad y fácil paso por la faringe. |
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Saciedad y conducta alimentaria
El apetito y la saciedad son importantes porque
los piscicultores necesitan asegurar que el régimen alimentario (frecuencia,
tamaño de la ración y tiempo empleado) se ajuste al consumo óptimo, crecimiento
y conversión eficientes. El control del apetito envuelve mecanismos metabólicos,
neuromorfológicos y hormonales (31). Los centros del hipotálamo están
posiblemente involucrados y pueden ser estimulados por la saciedad del intestino
y/o factores metabólicos tales como niveles de metabolitos en sangre o cambios
de temperatura relacionados con actividad metabólica (31, 41).
Algunos autores observan otra conducta para los
peces a medida que satisfacen el hambre, inicialmente se van a cardúmenes más
densos, al ir disminuyendo el número de presas se hace más notoria y amenazante
la presencia de depredadores, por lo tanto se van hacia la periferia del
cardumen para hacerse menos notorios y así protegerse. Este cambio de
comportamiento ha sido interpretado como un reflejo del cambio en el balance de
energía neta ganada, el pez al inicio juzga más importante no morir de hambre,
se alimenta a la mayor velocidad posible, al disminuir el hambre, la amenaza de
depredación aparece, ya que mientras se alimenta en la zona densa es incapaz de
observar la presencia de enemigos; a menudo hay una interacción entre la
búsqueda y el riesgo de depredación, el animal es más visible por sus
inevitables movimientos mientras busca y se concentra en encontrar alimento a
expensas de vigilar a sus depredadores, ya que muchas veces el alimento es más
abundante en lugares de alto riego de depredación (16).
El estado interno influencia la manera como el pez
responde al estímulo externo, como sucede al Gasteropodus aculeatus que luego de
un ayuno de 72 horas, come más rápido cuando tiene acceso al alimento que el que
ha estado en ayuno sólo por 24 horas, al final de 40 minutos de alimentación,
ambos han consumido igual número de presas. Un pez con hambre intenta capturar
más presas que cuando lleva varios minutos alimentándose; un pez lleno, presenta
menos intentos de alimentarse y gasta más tiempo al moverse lejos de las áreas
donde el alimento está disponible (37).
Al estudiar el comportamiento del salmón del
Atlántico (Salmo salar) respecto al área empleada para la distribución
del alimento, se ha observado un mayor crecimiento cuando se alimenta en toda la
superficie, sin presentarse diferencias significativas, pero demuestra que una
adecuada distribución del alimento es esencial para asegurar crecimiento
homogéneo en cultivos de salmón (19). El empleo de corrientes circulares influye
en el comportamiento del pez, contribuye a desarrollar la agresividad entre
éstos, dándose una alta monopolización de los dominantes y menor aprovechamiento
del alimento (20).
Eficiencia alimenticia
Una eficiente localización, el éxito en la captura
y la facilidad de ingestión se han evaluado por estar directamente relacionadas
con crecimiento en el salmón del Atlántico, lo que ha sido empleado para
explicar la alimentación y la selectividad de la presa en los peces salvajes. La
selección natural favorece al depredador, quién con una estrategia de búsqueda
obtiene el nivel más alto de energía tomada con respecto a la gastada en
alimentarse (22), se dan semejanzas interesantes para peces de cultivo. La
hipótesis establece que el costo de la energía es determinado por la velocidad
de encuentro (tiempo gastado en localizar e identificar el alimento, el cual es
dependiente de la abundancia de presas y de la habilidad perceptiva del
depredador) y el costo del tiempo de manejo (energía y tiempo de alimentación
gastados en captura, manipulación y prueba), la energía tomada es dependiente
del valor de la energía aportada por la presa una vez ingerida.
Muchas especies animales tienden a conservar la
velocidad de crecimiento específico para la especie y para el estado fisiológico
según el sexo, edad o estación, el pez lo hace igual que los vertebrados
superiores, compensando una deprivación temprana con un incremento en el consumo
cuando el alimento está de nuevo disponible. El mantenimiento del peso
específico ha llevado a varios investigadores a suponer que la regulación en la
toma de alimento está de acuerdo con la representación de un punto fijo, valor
del peso corporal ideal, sin embargo, esta hipótesis es hoy algo discutida (11).
Consideraciones finales
1. Los patrones de conducta alimentaria en peces
dependen de tantos factores como clases de peces haya, lo que impide predecir
con certeza su comportamiento; sin embargo, el estudio de éstos, ha permitido
aplicar algunos de sus resultados a los cultivos de peces, lo que ha conllevado
a mejorar la eficiencia alimenticia del pez y los beneficios para el acuicultor.
2. La conducta alimentaria en la relación
depredador-presa, se ve regida por una amplia gama de factores, siendo común
denominador entre las especies, el movimiento y a partir de este, se suman otros
relacionados con forma y textura, jerarquía y hábitos de alimentación que marcan
las diferencias en las clases de peces.
3. Aún cuando en las explotaciones acuícolas,
generalmente sólo se trabaja con alimento vivo en las fases larvarias de algunos
peces, los investigadores al servicio de la acuicultura, buscan afanosamente
desarrollar alimentos inertes para todas las fases de vida y ajustarlos a las
necesidades de los diferentes tipos de peces, basando sus aplicaciones, en el
comportamiento alimentario de los individuos en el medio natural, en su
condición de buscador-buscado donde sólo se cuenta con alimento vivo. Estos
hallazgos permiten cada vez con mayor precisión diseñar el tipo de pastilla que
cumple con la expectativa nutricional y en especial que sea lo más parecida al
nutriente del medio natural, para que sea lo suficientemente atractiva en los
demás aspectos, donde pueda llamar su atención y obtener el beneficio productivo
esperado.
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